Ante la gran demanda de soluciones financieras a distancia, se plantea la extinción del efectivo a favor de herramientas más ‘sanitarias’.

Que el efectivo podría desaparecer, es un asunto de muchas respuestas con diversidad de matices.

Mucho antes al impacto del coronavirus, el dinero físico ya se encontraba en un contexto de digitalización. De hecho, es una práctica que inició a mediados de los noventa y fue incursionando, de a poco, en formato de pagos electrónicos.

Desde entonces, el IoT, el desarrollo tecnológico, el avance en los cifrados de alta seguridad y demás factores han propiciado que este ecosistema tome forma y madure al punto de cuestionar la vigencia del efectivo como tal.

“En América Latina hay un mayor entendimiento que debemos ir hacia un modelo de pagos digitales y eso significa que los países tienen que tomar decisiones para hacer que el pago sea asumido por todo el ecosistema, para que todos los integrantes de este puedan participar,”

Marcelo Fondacaro, COO de VeriTran.

CORONAVIRUS VS. EFECTIVO

Hoy la pandemia del COVID-19 se perfila como un motivo para continuar apostando por dicho cambio a favor de los pagos móviles, esta vez bajo el amparo de acciones remotas y ‘sanitarias’ que favorezcan el decrecimiento de la curva de contagios a nivel mundial.

Ciertamente el sistema de pago tradicional se ha convertido en una amenaza para la salud pública, incluso si se tratase de tarjetas, una escena donde los expertos prevén un reemplazo más inmediato, en gran medida por el empleo de soluciones móviles.

Es por ello que en estos días de cuarentena hemos visto incrementarse el repunte publicitario de soluciones digitales en bancos tradicionales hasta mercados locales. El pago digital, billeteras electrónicas y más servicios están al alza.

En los últimos años, el smartphone ha tomado protagonismo como un canal de banca móvil y pagos digitales inmediato, simple y seguro, aunque esta última cualidad aún no sea completamente admitida por gran parte de la población.

Pese a ello, estas nuevas modalidades han pasado la valla de confinamiento social, resultando como una solución práctica ante la crisis, aunque no disponible para todos.

DEL EFECTIVO AL PAGO DIGITAL

En todo el mundo, los gobiernos de turno vienen implementando diversas políticas a fin de contrarrestar el paralé económico global que afecta a diversos sectores del mercado; pese a ello, ninguno de los incentivos apunta a moderar el retiro o uso de efectivo.

Aunque la coyuntura del coronavirus ha puesto sobre la mesa la premura de la transformación en el sistema financiero, así como en el escenario de pagos tradicional, es válido pensar que, una vez superada la crisis, el que fuera el mayor incentivo sanitario se diluya por completo, obviando así la posibilidad de una migración.

“Lo primero por armar es un buen ecosistema donde todos los actores estén involucrados, un buen acuerdo político para que el reparto de ingresos sea razonable, un sistema de impuestos justo y, sobre todo, la baja de tarifas de adquirencia que son elevadísimas,” sostiene Fondacaro

Es necesario recordar que esta atmósfera digital ya contaba con estímulos previos que permitían hablar sobre la necesidad de un cambio en el comportamiento financiero como tal. Desde reducir la economía informal hasta incursionar en la nueva apertura de mercados financieros.

En suma, ¿es aún pronto para hablar sobre el fin del efectivo?

Probablemente, pero es certero afirmar que nos encontramos ante un panorama de transformación gradual inminente, un cambio que no solo le compete a los comercios o entidades financieras, sino también a los gobiernos de turno, implementando políticas que velen e incentiven un ecosistema de pagos móviles con el fin de brindar una solución flexible y pragmática, en tiempos de crisis o no.

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Por VeriTran

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